‘Rusia es culpable», declaró el Ministro de Asuntos Exteriores español. Los miles de personas que llenaban la calle de Alcalá de Madrid gritaron su aprobación. Culpable de nuestra Guerra Civil… del asesinato de nuestros hermanos y hermanas… La destrucción del comunismo es una condición necesaria para la supervivencia de una Europa libre y civilizada.»Mientras Ramón Serrano Suner hablaba el 24 de junio de 1941, la Wehrmacht de Hitler sorprendió a los defensores de la Unión Soviética.

La Operación Barbarroja, la invasión de la URSS, se había lanzado con la esperanza de una rápida victoria. Eufóricos por los primeros éxitos alemanes y el llamado a las armas de su Ministro de Asuntos Exteriores, decenas de miles de españoles se alistaron en una División Española de Voluntarios: la División Azul.

En pocos días, las 18.000 vacantes fueron llenadas por estudiantes universitarios ansiosos, anticomunistas acérrimos y veteranos de la Guerra Civil. Aunque el partido fascista español, la Falange, manejaba el reclutamiento, los oficiales de la división de voluntarios eran casi exclusivamente regulares. La estructura de mando era sólida.

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